Connect with us

OPINIÓN

El trife y la #LeyDeHerodes

Avatar

Publicada

en

De Twitter

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación le ha impuesto a Morena de manera vergonzosa, sin motivación ni fundamento alguno, una sentencia que lo obliga a elegir a su presidencia y a su secretaría general a través de una encuesta abierta.

El articulo 41 constitucional establece que: “ las autoridades electorales solamente podrán intervenir en los asuntos internos de los partidos políticos en los términos que señalen esta Constitución y la ley ”. Ni la Constitución, ni la Ley, le dan facultad al Tribunal Electoral de imponerle a un partido un procedimiento de elección, distinto al que él mismo Partido ha definido y se encuentra en su Estatuto.

Antes al contrario, el artículo 40 de la Ley General de Partidos Políticos, establece el derecho de los miembros de un partido de elegir a sus dirigentes. Y el Estatuto de Morena en su artículo 5, corrobora a las y los protagonistas del cambio verdadero el mismo derecho.

Lo grave de esta sentencia, tomada por 5-2 en lo oscurito, es que exhibe a un Tribunal que no respeta la legislación y que impunemente toma decisiones que obedecen a otros criterios o intereses, menos al de circunscribirse a la ley. Sus resoluciones son definitivas e inatacables.

Algunos antecedentes. Los actuales magistrados del TEPJF son producto de los acuerdos del Pacto por México, al igual que los consejeros del INE. En 2014, en la reforma político electoral, los partidos del pacto, convinieron repartirse a los consejeros y magistrados de ambos órganos. En el INE habría una mayoría de integrantes vinculados al PAN y sus aliados, y en el TEPJF, una mayoría que respondiera al PRI y sus aliados. Se trataba de darse “garantías” para la organización y calificación del proceso electoral del 2018.

El aplastante triunfo de Andrés Manuel López Obrador sobre el PRI y el PAN, descarriló el acuerdo del PRIAN. Ni Meade ni Anaya impugnaron, así que nos quedamos con las ganas de ver como actuaría el Tribunal en la elección presidencial. Considero que el mismo resultado, “liberó” a algunos magistrados de sus compromisos con quienes los postularon y a quienes les deben el cargo.

Sin embargo, la elección al Gobierno de Puebla ese mismo año, nos permitió constatar, que no es el apego a la legalidad el único criterio en el actuar de los magistrados. Ante el cúmulo de pruebas de irregularidades determinantes que se dieron en ese proceso, lo que procedía era la anulación de la elección. No fue así. Hubo algunos magistrados que no resistieron la presión de Moreno Valle y decidieron dejar firme el proceso. A partir de ahí, las reglas en el Tribunal cambiaron.

La sentencia del expediente de Morena es un monumento a la intromisión, a la injerencia en la vida interna de un partido. Una prueba de que en materia de justicia electoral priva un estado de chueco. Mas aún cuando el TEPJF confirmó la validez del Congreso Nacional Extraordinario de Morena del 26 de enero de dos mil veinte, así como todos los acuerdos tomados en él. Entre ellos el rechazo al método de encuesta para elegir a los dirigentes.

La desconfianza que este tipo de sentencias genera no es menor. En principio la probidad, imparcialidad y apego a la legalidad del Tribunal, esta en duda.

En otro orden de ideas, la opinión del compañero Andrés Manuel López Obrador de elegir a los dirigentes por encuesta entre los afiliados y simpatizantes de Morena, era perfectamente asimilable en el actual Estatuto y muy viable de transitar como un acuerdo político. Basta que quien gane la encuesta sea el único candidato a la presidencia de Morena en el Congreso Nacional para que así sea. O en su caso, que los congresistas respalden con su voto a quien gane la encuesta para confirmar el resultado. Eso lo pudo haber hecho Morena, sin necesidad de la intromisión del Tribunal.

Agustín Guerrero
Político

Sigue leyendo
Anuncio
Click para comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Noticias

EN BREVE ⚡ | Última oportunidad para Lozoya

Avatar

Publicada

en

ESPECIAL

En Breve Noticias ⚡ | Se le acabó el tiempo a Emilio Lozoya | AMLO revisará el caso de Octavio Ocaña | Checo Pérez enciende motores en Reforma | Adiós a la Casa de Papel | Laika fue lanzada al espacio hace 67 años y más noticias…

Sigue leyendo

Noticias

El juego del calamar, la farsa del cristal y el acero

Felipe Monroy

Publicada

en

ESPECIAL

México. No es simple coincidencia que la popular serie El Juego del Calamar (Hwang Dong Hyuk, 2021) y la multipremiada cinta ‘Parásitos‘ (Bong Joon Ho, 2019) provengan del mismo ambiente y entorno: una sociedad asfixiada por las dinámicas del capital, la desigualdad, el utilitarismo y el mercado.

Son oscuras representaciones de la comedia humana esclavizada por los imperativos del dinero y la crispación.

Es cierto que ambas producciones (junto al poderoso fenómeno K-Pop) han puesto a Corea del Sur en el radar del mainstream cultural; sin embargo, sus historias no sólo reflejan los perfiles de la nación asiática; por el contrario, con sagacidad, desnudan la naturaleza más oscura del neoliberalismo ideológico sobre la persona humana: las consecuencias de una doctrina de satisfacción y autopreservación sustentada en el deseo individual.

Quizá por ello, El Juego del Calamar ha sido tan rápidamente adoptada por la gran audiencia. Es fácil empatizar con todo lo que allí ocurre, el espectador se ha identificado tan rápido que la producción de disfraces y parafernalia de la serie se comercializa prácticamente en cada crucero citadino; niños y adolescentes practican en los patios los juegos de la historia; y, casi todas las culturas han recreado con sátira cómo serían los juegos en su propio contexto.

Así, una matrioshka gigante asesina aniquila rusos en el juego ‘luz verde, luz roja’ o un mexicano casi sufre un colapso de ansiedad desenvolviendo un mazapán sin romperlo como en el juego de las galletas de azúcar y los británicos han sugerido que uno de estos juegos mortales podría ser su famoso ‘Bulldog‘.

Que tanta gente se sienta identificada sólo puede significar que compartimos las angustias del mismo sistema. Un régimen neoliberal de autoexplotación que el filósofo Byung-Chul Han ha criticado ácidamente: “La explotación a la que uno mismo se somete es mucho peor que la externa, ya que se ayuda del sentimiento de libertad… La gente está volviendo su agresión contra sí misma. Esta autoagresividad hace que los explotados no estén tan inclinados a la revolución como a la depresión”.

En la serie, casi todos los personajes podrían encajar en aquella descripción: La libre elección de cada jugador los conduce una y otra vez a intentar remediar sus singulares conflictos someténdose a pruebas autodestructivas cuyo improbable y casi inaccesible escenario final es la cúspide de cierto privilegio que les permiten los dueños del dinero.

Nadie los ha obligado, por eso no hay contra qué rebelarse; nadie habrá de morir con virtud o indignación ante el sistema, por el contrario, perecerán sorprendidos por la súbita conciencia de su deprimente existencia. Dice Byung-Chul Han: “Resulta muy difícil rebelarse cuando víctima y verdugo, explotador y explotado, son la misma persona”.

El Juego del Calamar‘ es una pequeña muestra de lo grave y profundo que la esencia del ser humano puede ser trastocada bajo el neoliberalismo y el sistema tecno-capitalista. La desigualdad se muestra ostentosamente sin que nadie repare en ella; la muerte de uno se reduce a la acumulación de bienes en otro; al nombre lo sustituye el número y el uniforme; el éxito individual conduce inexorablemente a hacerse verdugo del prójimo; la insatisfacción provoca hartazgo en el débil y aburrimiento en el poderoso, al primero lo obliga a sobrevivir mientras el segundo crea distracciones obscenas.

En todo caso, nos identificamos en la asfixia que provocan las deudas o la búsqueda de inalcanzables, en la salvaje competencia por la supervivencia, en el inconsciente y anónimo canibalismo con el que nos descuartizamos permanentemente en las redes sociales o en nuestros personales ‘campos de trabajos forzados’.

La reclusión en El Juego del Calamarparece una prisión de cristal y acero: sólida y diáfana. Y a lo largo de la serie, estos dos elementos irán mostrándose como sutiles símbolos de este nuevo sistema de opresión. A veces evidentes y otras más figurativas, las características del acero y el cristal (versatilidad y resistencia; transparencia y pureza) irán acompañando el drama pero también revelando su farsa.

Acero y cristal se encuentran en la cruel muñeca robótica y su implacable juicio a través de sus prístinas pupilas; en los cristales de azúcar que ceden ante el punzón de la aguja; en los pesados grilletes y la guillotina; en las dramáticas canicas; en el puente de vidrio; en el cuchillo homicida; en el cofre transparente donde se acumula la vida de los perdedores en forma de dinero; en el ventanal voyerista donde se asoman las desgracias ajenas o en la máscara del verdugo mayor. La cúspide de estos elementos son, sin embargo, las máscaras de impenetrable cristal dorado que sólo los poderosos pueden usar; dueños de la cárcel figurativa, cárcel de metal y cristal donde los miserables persiguen la subsistencia de sus sueños.

Sólo dos personajes evitan casi todo el tiempo ‘jugar ese juego donde todo el mundo hace trampa’, aunque en la frontera del miedo ceden a su posición original de debilidad y de poder. El primero y el último concursantes son quienes, paradójicamente, al final de la travesía se reconocerán como último y primero del juego; reconocerán que ni el cristal es siempre transparente y ni el acero siempre sólido; y eso los conduce a su actitud final: el cinismo o la resiliencia.

La resiliencia conlleva actos heroicos tan sutiles que el héroe casi no se distingue: Un hombre que auxilia y se permite recibir ayuda, que ante la impaciencia no usa el filo del metal sino la más suave de las armas, que protege al anciano y al débil, que que confía en el liderazgo de otro sin dejar de reconocer y cuidarle sus debilidades humanas.

Es un hombre que se indigna frente a la injusticia pero se comprende incapaz de ciertas decisiones morales, es un jugador que perdona, que expresa ternura, que sufre por su propia monstruosidad, que recapacita y tiende la mano. Es, será, el único personaje que se sacrificará sin cálculos ni venganzas sino con el honesto deber de ayudar al desconocido.

Frente a la farsa tecno-capitalista, el héroe promueve la colaboración; frente a la sociedad de autoexplotación, se permite la contemplación y la moderación; frente al cristal y el acero, el héroe abraza la lágrima y la piel, la sangre y el sudor; frente al miedo, la esperanza; frente a la autopreservación, el sacrificio; frente al cinismo, la caridad.

Pero, como apuntó Byung-Chul Han “la era de la prisa no tiene acceso a la belleza ni a la verdad. Sólo en una contemplación prolongada, incluso en una moderación ascética, las cosas descubren su belleza, su esencia fragante”.

Por ello, el héroe requerirá un año entero para contemplar y privarse de todos los bienes para finalmente sentir el peso de su deber en la realidad que sigue sufriendo injusticias en la jungla de cristal y acero. Su última elección es esa ‘esencia fragante’ que revela el incuestionable camino hacia la ardua virtud.

*Felipe Monroy
PERIODISTA

@monroyfelipe

Sigue leyendo

Noticias

A qué buena medicina…

Avatar

Publicada

en

Porbaldo

Arden las redes con el ungüento vitacilina y el monero Baldo lo sabe

Twitter @porbaldo

Sigue leyendo

Más vistas