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CULTURA

Frida Kahlo hubiera cumplido 113 años…

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México.- Uno de los más grandes mitos del México moderno es Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón quien nació un 6 de julio de 1907.

La pintora mexicana se volvió un icónico personaje décadas después de su muerte y este 6 de julio hubiera llegado a los 113 años de edad.

Frida vivió una dolorosa vida y no solo por su intenso amor con el pintor Diego Rivera, sino pos sus 32 operaciones después de ser atropellada por un tranvía.

Su obra gira en torno a ella misma, es un poco biográfica, se cree que Kahlo pinto al menos 150 cuadros, la mayoría autorretratos.

Su vida marital al lado de Diego Rivera marcan el México de los años 40 y 50 del siglo pasado.

Cerca de ella estuvieron personajes como Emilio ‘El Indio’ Fernández, María Félix, León Trotski, Chavela Vargas y muchos otros que marcaron época.

Ambos, Diego y Frida compartieron el gusto por el arte popular mexicano de raíces indígenas, inspirando a otros pintores.

Su primera exposición fue en 1939 en Francia gracias a la invitación de André Breton con quien siempre debatía si su obra era surrealista.

Sus cuadros alcanzaron reconocimiento y fama mundial a partir de los años 90, Frida fue reconocida por artistas de la talla de Pablo Picasso, Vasili-Kandinski, André Breton o Marcel Duchamp.

Incluso Madonna es una de las cantantes internacionales que tiene un cuadro origina de Frida Kahlo.

Los restos de Frida Kahlo se hallan dentro de una urna de piedra de corte prehispánico dentro de la Casa Azul, la vivienda de la pintora la mayor parte de su vida en el barrio de Coyoacán en la Ciudad de México.

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CULTURA

Hallan restos de instrumentos musicales prehispánicos en Garibaldi

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FUENTE: INAH

México. En agosto, en el quinto centenario de la toma de Tenochtitlan, un predio aledaño a la Plaza Garibaldi, en el centro-norte del Centro Histórico, comenzó a revelar su pasado más antiguo, cuando fue la vivienda de una familia mexica que sobrevivió a la invasión española.

Según lo ha constatado la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, mediante un equipo de salvamento arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

En honor a ese mundo que se desvanecía, las y los habitantes de esa antigua unidad doméstica realizaron un ritual en el siglo XVI, posiblemente entre los años 1521 y 1610 d.C., para dar testimonio de que así terminaba un ciclo de sus vidas y de su civilización.

Entre cantos y olor de copal, los moradores dispusieron en el patio una ofrenda con múltiples elementos, entre los que destacan una olla con restos óseos (cenizas humanas) y 13 sahumadores polícromos de casi un metro de longitud, usados para quemar la resina.

Resistieron sus creencias

Para la coordinadora de estas tareas de rescate arqueológico, Mara Abigaíl Becerra Amezcua, este descubrimiento es significativo en el marco de los “500 años de resistencia indígena”, como ha sido declarado este 2021.

Esta ofrenda localizada a poco más de cuatro metros de profundidad, estaba recubierta con varias capas de adobes bien consolidados para mantenerla fuera de miradas ajenas, indicativo del temple de aquellos mexicas que permanecieron en Tenochtitlan tras la toma de la ciudad por Hernán Cortés.

La investigadora comenta que tras el reporte del Instituto de Vivienda de la Ciudad de México (INVI) ante la Dirección de Salvamento Arqueológico (DSA) del INAH, su equipo acudió en septiembre al domicilio, ubicado en Eje Central Lázaro Cárdenas, y a lo largo de tres meses realizaron excavaciones arqueológicas mismas que ya concluyeron.

En el predio, Mara Becerra y su colega Ximena Andrea Castro Rivera investigaron las diversas capas de un sitio que se ha mantenido como vivienda al paso de siglos, hasta llegar a los arranques de muros de esa primera casa que perteneció a Tezcatzonco, un barrio menor de Cuepopan-Tlaquechiuhca, una de las cuatro parcialidades que integraban Tenochtitlan.

Los cimientos del complejo habitacional mexica se encontraron en la parte media del predio (de 500 m² de extensión), donde el proyecto constructivo del INVI preveía una cimentación profunda y la instalación de un par de cisternas.

Un sondeo arrojó el potencial arqueológico del espacio y así, a profundidades que van de 3.50 m a 5.20 m, fueron descubriéndose los vestigios a base de tezontles y adobes, en una superficie aproximada de 80 m².

La excavación reveló que el espacio de aquella vivienda estuvo conformado por un patio interior —donde se localizó la ofrenda de clausura—, una estancia y un corredor que conecta a cinco habitaciones que aún mantienen parte de sus estucos originales en pisos y en muros (de grosores que van de los 30 a los 50 cm).

Hallaron un fogón

Estos cuartos, uno de los cuales fue cocina, como se dedujo por el registro de un tlecuilli o fogón, alcanzaron medidas de 4 m por 3 m, pero sus dimensiones totales se desconocen porque continúan bajo los predios aledaños.

La arqueóloga Mara Becerra precisa que esta residencia fue motivo de modificaciones espaciales y arquitectónicas en al menos dos etapas: en el periodo Posclásico Tardío, entre 1325 y 1521 d.C., y en la ocupación española, entre 1521 a 1610 d.C.

Si bien estuvo destinada a las actividades domésticas, otras evidencias materiales como omichicahuaztlis (instrumentos musicales de hueso trabajado), flautas y ocarinas, señalan que ahí tuvieron lugar diversos rituales.

El descubrimiento más llamativo dentro de este conjunto, es dicha ofrenda bajo el piso del patio interior, un contexto que confirma el carácter sagrado de Cuepopan-Tlaquechiuhca, parcialidad fronteriza con Tlatelolco, y que en el periodo virreinal se convertiría en Santa María La Redonda.

Por ejemplo, de este lugar procedía el sacerdote que encendía el fuego nuevo cada 52 años en el santuario del Huizachtépetl (Cerro de la Estrella), momento que marcaba el desenlace y la inauguración de un ciclo de la vida, refiere la especialista.

Tenían una urna con restos óseos cremados

La disposición, cantidad y calidad de los materiales que componían esta ofrenda de clausura concuerda con ese carácter sagrado: 13 sahumadores, una copa pulquera de base trípode, cinco cajetes, un plato y una olla de cuerpo globular sobre la que colocaron cuatro vasijas a modo de tapa.

En el interior de esta última se detectaron restos óseos cremados —una costumbre funeraria extendida en el mundo mesoamericano—, posiblemente de un infante; sin embargo, esto habrá de comprobarse mediante la microexcavación de las cenizas.

“Por otra parte, el conjunto de 13 sahumadores expresa un simbolismo particular, ya que fueron dispuestos en dos niveles y en dos orientaciones distintas: unos en sentido este-oeste, y otros en dirección norte-sur, como una evocación de las 20 trecenas que conformaban el tonalpohualli, el calendario ritual mexica de 260 días; asimismo, cabe mencionar que el número 13 aludía a los niveles del cielo.

Temían a las fuerzas del inframundo…

“Las características de los sahumadores también refuerzan la concepción nahua del universo, por ejemplo, la cruz calada de las cazoletas de los sahumadores representa el quincunce, símbolo del axis mundi; mientras que los mangos huecos en colores rojo, negro y azul —que servían de instrumento de viento—, y su remate con la representación de la cabeza de una serpiente de agua, remiten a las fuerzas del inframundo”, explica la investigadora de la DSA.

Todo lo expuesto, aunado a que los tipos cerámicos hallados (lozas Azteca Bruñida y Roja Bruñida) se asocian a los periodos de contacto español y virreinal temprano, “nos permite interpretar este contexto arqueológico como evidencias de una ofrenda que se dispuso en las primeras décadas tras la invasión de Tenochtitlan, como parte de un ritual de clausura del mismo espacio, un acto esencial para la cosmovisión tenochca”, concluye la arqueóloga Mara Becerra Amezcua.

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Adelitas, la otra Revolución

Adelitas, el otro rostro de la Revolución

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Adelitas, el otro rostro de la Revolución

Las adelitas fueron clave para la Revolución Mexicana, conocidas por su ímpetu y su fuerza para defender la causa.

Surgieron como soldaderdas, adelitas o valentinas y son un mito e incluso leyendas de la lucha revolucionaria.

Aunque existen fotofragías clave de las llamadas adelitas en las dédas de 1910 y 1920, poco se sabe de cientos de heroínas que dieron su vida en la luha por México.

En varios archivos fotográficos se muestra a las soldaderas haciendo labores de cocina, cuidando heridos e incluso en plena batalla enfundando un rifle.

La Adelita más famosa quizá es Adela Velarde Pérez, nacidad en Ciudad Juárez, se dice que murió en Estados Unidos pero luchó en frentes de la Revolución.

El corrido de la Adelita habla de un coronel que supuestamente estaba muy enamorado de ella, de acuerdo al Diario de Chihuahua.

Otra soldadera famosa es Valentina Ramírez, conocida como La Leonda de Norotal, por ser de Durango.

Se dice que Valentina vistió de hombre inclusó utilizó el alias de Juan Ramírez, algunas crónicas de la época señalan que murió atropellada.

Hay varios corridos que hicieron famosos algunos nombres y apodos como Marieta, Adelita, Valentina, La Cucaracha entre otros.

Así que este 20 de noviembre también se recuerdan a las adelitas, su lucha como impulso de la Revolución Mexicana.

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José Guadalupe Posada caricaturizó a la Catrina

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ESPECIAL

México. Si bien México ha tenido una relación milenaria con la muerte desde las tradiciones prehispánicas, fue el grabador José Guadalupe Posada quien se atrevió a caricaturizar a la Catrina en sus grabados.

Es así como desde los tiempos del porfiriato se empezó a usar dibujos caricaturizados de la calaca, la flaca, Pifas y la muerte.

Posada murió el 20 de enero de 1913 volviendo como un estandarte de México ante el mundo sus litografías con escenas de la muerte, estampas populares y caricaturas sociales.

“Al final del siglo XIX surge un gran artista: José Guadalupe Posada”, aseguraría el autor de El laberinto de la soledad, Octavio Paz, quien a lo largo de su vida escribió grandes alabanzas a la obra del grabador mexicano nacido en Aguascalientes el 2 de febrero de 1852.

André Bretón en el prólogo de su Antología del humor negrodice que “el triunfo del humor al estado puro y pleno, en el dominio de la plástica, debe situarse en una fecha próxima a nosotros y reconocer como a su primer y genial artesano al artista mexicano José Guadalupe Posada”.

La Catrina | José Guadalupe Posada

Comparado al surrealismo…

Paz observa que el poeta francés no vacila en comparar los grabados de Posada, en blanco y negro, con ciertas obras surrealistas, especialmente los collages de Marx Ernst. Con Posada no sólo comienza el humor en las artes plásticas modernas, sino también el movimiento pictórico mexicano. 

A pesar de que murió en 1913, Diego Rivera y José Clemente Orozco lo consideraron además de un precursor, un contemporáneo suyo. Tenían razón. Me atreveré a decir que incluso Posada me parece más moderno que ellos”, comentaba Paz.

Paz pone como ejemplo de la universalidad de Posada a la famosa Catrina que no es únicamente una estampa satírica de las señoras elegantes de su tiempo; es una imagen poética, un emblema en el que el lujo se alía a la muerte: plumas, sedas y huesos. Es la moda, pero vista desde la perspectiva de un Leopardi: la moda hermana de la muerte.

Posada se inició en el grabado a los 16 años en el taller de Trinidad Pedroso, luego de superar las rencillas familiares sobre su futuro artístico. Con Pedroso aprendió los secretos de un oficio tan antiguo como complicado. Los resultados están a la vista de todos. 

La caricatura fue una decisión personal y natural, por lo que su jefe lo introdujo al mundo del periodismo y la prensa gráfica. En El Jicote, que data de 1871, aparecieron sus primeras obras en este sentido.

Calavera Maderista (1910) | José Guadalupe Posada

Trabajó en varios periódicos

En esa época, la familia lo era todo y al igual que muchas otras, la de Posada estaba preocupada por el destino elegido por José Guadalupe, quien para sosegar los ánimos consiguió una plaza de maestro de litografía en la escuela preparatoria de León, Guanajuato, donde dio clases durante un lustro. Ello no le impidió dedicarse a su gusto por los anuncios, comerciales y estampación de imágenes religiosas.

En 1888 por las inundaciones en León regresó a la Ciudad de México, donde recibió varias ofertas de trabajo. Aquí puede decirse que despegó su carrera, ya que creó cientos de grabados para los periódicos La Patria Ilustrada, Revista de México, El Ahuizote, Nuevo Siglo, Gil Blas, El hijo del Ahuizote y otras más.

Aquí más obras de Posada

Junto a su prestigio como artista, creció su poder adquisitivo y su deseo de experimentación, al utilizar planchas de zinc, plomo o acero en sus grabados.

Hablar de Posada es referirse a una parte importante de la historia del arte mexicano del siglo XIX y del XX, de ahí que su influencia sea innegable en las generaciones posteriores a él, incluso en este siglo XXI. 

En 1933, dos décadas después de su muerte, quien lo redescubrió fue Jean Charlot, quien editó sus planchas y reveló la influencia de Posada sobre artistas de las posteriores generaciones.

El Jarabe en Ultratumba (1910) | Posada

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